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Las terapias de “tercera ola”



Las terapias de tercera ola: un enfoque más flexible, más consciente y más anclado en la vida real


Las terapias de tercera ola surgen de la evolución de las terapias cognitivo-conductuales. Conservan el interés de los enfoques TCC por la comprensión de las dificultades psicológicas y por la puesta en marcha de herramientas concretas, pero proponen una manera más amplia y más matizada de abordar el sufrimiento psíquico.


Mientras que algunos enfoques clásicos ponen sobre todo el acento en la modificación de los pensamientos o comportamientos problemáticos, las terapias de tercera ola otorgan un lugar importante a la atención plena, la aceptación, la relación que mantenemos con nuestros pensamientos y emociones, así como a la capacidad de actuar de una manera más libre y más coherente en la propia vida.


Hoy en día, se utilizan ampliamente y cuentan con respaldo de investigaciones científicas, en particular en el acompañamiento de la ansiedad, el estrés, la depresión, las dificultades emocionales y relacionales, así como en los periodos de transición o de cambio de vida.


Una evolución de las terapias cognitivo-conductuales


Las TCC han mostrado desde hace mucho tiempo su eficacia para ayudar a las personas a comprender mejor ciertos mecanismos psicológicos y a desarrollar estrategias concretas frente a sus dificultades. Las terapias de tercera ola se inscriben en esta continuidad, pero desplazan ligeramente el centro de gravedad.


El objetivo ya no es solamente buscar reducir un síntoma, modificar un pensamiento negativo o corregir un comportamiento. Se trata también de ayudar a la persona a transformar la manera en que entra en relación con lo que vive interiormente.


Dicho de otro modo, no se busca únicamente hacer desaparecer el malestar. También se trabaja para desarrollar una manera más flexible, más consciente y más serena de convivir con ciertos pensamientos, emociones o sensaciones, sin que estos ocupen todo el espacio ni dicten automáticamente los comportamientos.


La atención plena: observar sin dejarse arrastrar


Uno de los pilares importantes de estos enfoques es la atención plena. Se trata de aprender a observar lo que ocurre en el interior — pensamientos, emociones, sensaciones corporales — con más presencia y menos juicio.


En la vida cotidiana, muchas reacciones se ponen en marcha de manera muy rápida y casi automática. Aparece un pensamiento, una emoción aumenta, y reaccionamos de inmediato, a veces sin tener siquiera la sensación de haber elegido. La atención plena permite crear un pequeño espacio entre lo que se siente y la manera en que se actúa.


Ese espacio es valioso. No elimina las dificultades, pero a menudo permite comprenderlas mejor, atravesarlas de otra manera y responder de forma más ajustada a lo que se presenta.


La aceptación: dejar de luchar contra lo que no puede controlarse


Otro principio esencial es el de la aceptación. Este término puede prestarse a confusión si se entiende mal. No significa resignarse ni renunciar a cambiar lo que puede cambiarse. Significa más bien reconocer que ciertas emociones, pensamientos o sensaciones forman parte de la experiencia humana, y que querer eliminarlos a toda costa puede a veces aumentar el sufrimiento.


Muchas personas dedican gran parte de su energía a intentar no sentir ansiedad, tristeza, rabia, vergüenza o incertidumbre. Sin embargo, esta lucha interior suele terminar reforzando precisamente aquello que se quiere evitar.


La aceptación propone otra vía: aprender a hacer un lugar a lo que es difícil, sin someterse a ello, sin confundirse con ello, pero sin entrar tampoco en una batalla interior permanente. Esto permite a menudo recuperar más disponibilidad para actuar allí donde realmente existe un margen de maniobra.


Valores y compromiso: avanzar hacia lo que realmente importa


Las terapias de tercera ola también conceden una gran importancia a los valores. Un valor no es un objetivo puntual que se alcanza de una vez por todas; es más bien una dirección, una manera de querer estar en la vida, en las relaciones, en la relación con uno mismo y con el mundo.


Cuando se atraviesa un periodo difícil, se puede perder fácilmente de vista aquello que importa profundamente. Entonces se empieza a funcionar sobre todo para evitar el malestar, reducir la angustia o aguantar. Es comprensible, pero también puede alejar poco a poco de aquello que da sentido.


El trabajo terapéutico ayuda entonces a identificar lo que es importante para la persona, y luego a recuperar formas concretas de compromiso en coherencia con sus valores. Esto no significa actuar sin dificultad, sino aprender a seguir avanzando incluso en presencia de dudas, emociones incómodas u obstáculos.


La flexibilidad psicológica: salir de las reacciones automáticas


La noción de flexibilidad psicológica es central en estos enfoques. Designa la capacidad de permanecer en contacto con lo que se vive, tener en cuenta el contexto y elegir comportamientos más adaptados en lugar de reaccionar de manera automática o rígida.


Cuando estamos estresados, ansiosos o heridos, solemos tender a repetir las mismas respuestas: evitar, huir, cerrarnos, sobreadaptarnos, controlar en exceso, rumiar, criticarnos o, por el contrario, actuar de manera impulsiva. Estas reacciones suelen ser comprensibles, pero no siempre son útiles a largo plazo.


Desarrollar la flexibilidad psicológica significa aprender a desprenderse un poco de estos automatismos para poder responder de otra manera. Es recuperar una forma de libertad interior allí donde, antes, la reacción parecía imponerse.


Enfoques especialmente útiles en muchas dificultades


Las terapias de tercera ola resultan especialmente pertinentes para el acompañamiento de la ansiedad, el estrés, la depresión, las dificultades emocionales, ciertas problemáticas relacionales, así como para personas confrontadas a periodos de cambio o de transición de vida.


Pueden ser muy útiles cuando uno se siente invadido por sus pensamientos, bloqueado en rumiaciones, desconectado de sus emociones o atrapado en reacciones repetitivas que alimentan el sufrimiento. Ofrecen herramientas concretas, pero sin reducir a la persona a una simple lista de síntomas o técnicas por aplicar.


También pueden ser especialmente adecuadas para personas que viven en contextos multiculturales o de expatriación. En efecto, estas situaciones suelen exigir una gran capacidad de adaptación, confrontan con la incertidumbre, cuestionan ciertos referentes y generan a veces tensiones emocionales o identitarias importantes. En estos contextos, aprender a acoger mejor lo que se vive, recuperar referentes internos y actuar en coherencia con los propios valores puede constituir un apoyo valioso.


Una terapia anclada en lo concreto


Aunque integren dimensiones como la atención plena, la aceptación o los valores, las terapias de tercera ola no son enfoques vagos o abstractos. Siguen orientadas hacia la vida cotidiana y hacia la posibilidad de construir respuestas concretas frente a las dificultades encontradas.


El objetivo no es solamente comprender mejor lo que se siente, sino también vivir mejor con las propias emociones, desarrollar comportamientos más ajustados, salir de ciertos patrones repetitivos y recuperar una capacidad de acción más libre y más estable.


Se trata, por lo tanto, de enfoques a la vez profundamente humanos y muy pragmáticos.


En conclusión


Las terapias de tercera ola representan una evolución importante de las terapias cognitivo-conductuales. Proponen no concentrarse únicamente en el cambio de los pensamientos o comportamientos, sino también en la manera en que cada persona puede aprender a acoger su experiencia interior, desarrollar más flexibilidad y avanzar en una dirección que tenga sentido para ella.


Al poner el acento en la atención plena, la aceptación, los valores y la flexibilidad psicológica, ofrecen herramientas especialmente útiles para afrontar mejor la ansiedad, el estrés, las dificultades emocionales y relacionales, así como los periodos de transición o de cambio.


Permiten no solo vivir mejor lo que se atraviesa, sino también recuperar una manera más consciente, más libre y más alineada de habitar la propia vida.


Si atraviesa un periodo de estrés, ansiedad, transición o fragilidad emocional, puede consultar la página Ansiedad, autoestima, episodios depresivos o la página Expatriación para saber más sobre el marco del acompañamiento.

 
 
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