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Por qué consultar en la propia lengua puede cambiar la calidad de la terapia

Cuando se vive en el extranjero, es frecuente funcionar en varias lenguas. Se puede trabajar en una lengua, gestionar la vida cotidiana en otra y navegar de un universo cultural a otro con cierta facilidad aparente. Sin embargo, cuando se trata de hablar de uno mismo, de las emociones, de la propia historia o del sufrimiento, la cuestión de la lengua suele adquirir una importancia muy distinta.


En el marco terapéutico, la lengua no es solamente una herramienta de comunicación. Porta una memoria, una intimidad, matices, una manera particular de sentir y de poner en palabras lo que se vive. Para muchas personas, poder consultar en su lengua materna — o en una lengua afectivamente cercana — cambia profundamente la calidad de la experiencia terapéutica.


La lengua no sirve solamente para hablar


No hablamos todas nuestras lenguas de la misma manera. Algunas están asociadas a la vida profesional, a la adaptación, a la eficacia, a la vida cotidiana. Otras están más directamente vinculadas a la infancia, a la historia familiar, a las emociones, a los recuerdos, a los conflictos internos o a la manera en que nos hemos construido.


En una terapia, no se trata solamente de transmitir una información. A menudo se trata de encontrar las palabras justas para decir una experiencia compleja, a veces dolorosa, a veces confusa, a veces difícil de abordar. La lengua en la que se realiza este trabajo puede entonces facilitar, o por el contrario complicar, el acceso a lo que realmente se vive.


Incluso cuando se domina muy bien una lengua extranjera, puede sentirse que no siempre permite expresar ciertos matices emocionales con la misma precisión o la misma espontaneidad.


Hablar en la propia lengua puede aportar más precisión


Consultar en la propia lengua puede permitir una expresión más fluida, más fina y más encarnada. Algunas personas se sienten inmediatamente más libres, más precisas, más cerca de lo que sienten cuando no tienen que buscar sus palabras o traducir interiormente lo que están viviendo.


Esto no tiene que ver únicamente con el vocabulario. También está el ritmo de la palabra, la manera de asociar ideas, la relación con la emoción, la posibilidad de acceder a recuerdos o experiencias más antiguas con mayor naturalidad. En un marco terapéutico, esta espontaneidad es valiosa. A menudo permite llegar de manera más directa al corazón de aquello que genera dificultad.


Para algunas personas que viven en el extranjero desde hace mucho tiempo, reencontrar su lengua en el espacio terapéutico también tiene algo de contenedor y tranquilizador. Puede recrear una forma de continuidad interior en una vida en la que muchos elementos ya exigen un esfuerzo constante de adaptación.


Una lengua “funcional” no siempre es suficiente


Se puede vivir muy correctamente en otra lengua, trabajar con soltura, mantener relaciones sociales, gestionar trámites complejos y, sin embargo, sentir que cuando se trata de hablar profundamente de uno mismo, algo falta.


Algunas personas dicen que se sienten más “planas”, más controladas o más desconectadas de sí mismas en una lengua que no es la de su intimidad. Otras tienen la impresión de hablar de su experiencia de manera más intelectual, más distante o menos matizada. Otras se dan cuenta de que evitan ciertos temas simplemente porque no encuentran las palabras justas.


No es una cuestión de nivel de lengua en el sentido escolar del término. Es una cuestión del vínculo entre la lengua y el mundo interior.


En expatriación, este aspecto suele volverse más importante


La vida en el extranjero ya exige una movilización psíquica importante. Hay que adaptarse a un entorno, a códigos sociales, a hábitos y, a veces, a otra lengua de manera casi permanente. Incluso cuando esta adaptación se desarrolla bien, puede representar un esfuerzo continuo.


En este contexto, la terapia puede convertirse en un espacio donde ya no es necesario hacer ese esfuerzo adicional. Poder volver a una lengua más íntima permite a veces depositar algo que, de otro modo, quedaría en parte retenido, simplificado o racionalizado.


Para las personas que viven un malestar relacionado con la expatriación, la soledad, la pérdida de referentes, las tensiones en la pareja o un sentimiento de desajuste, esta cuestión de la lengua puede ser especialmente importante. No se trata de una comodidad secundaria; puede formar parte de las condiciones que hacen que el acompañamiento sea realmente sostenedor.


Elegir la lengua de la terapia


No existe una regla absoluta. Algunas personas prefieren consultar en su lengua materna. Otras eligen la lengua en la que viven actualmente, porque corresponde más a su vida cotidiana. Otras navegan entre varias lenguas y saben de inmediato en cuál se sienten más libres para hablar de sí mismas.


Lo más importante es poder preguntarse: ¿en qué lengua me siento más justo? ¿Más espontáneo? ¿Más seguro? ¿En qué lengua puedo hablar de lo que vivo sin tener la impresión de reducirme o de traducirme permanentemente?


Esta elección puede tener una incidencia real en la calidad del vínculo terapéutico, en la profundidad del trabajo y en el sentimiento de ser comprendido.


Un acompañamiento en una lengua que realmente sostiene


Proponer consultas en varias lenguas no consiste simplemente en “hablar varias lenguas”. Supone también reconocer que la lengua forma parte integral del marco terapéutico. Influye en la manera en que una persona accede a su experiencia, se siente escuchada y puede elaborar progresivamente lo que atraviesa.


Para algunas personas, ser acompañadas en su lengua es lo que hace posible la terapia. Para otras, es lo que le da una calidad particular, más fina, más íntima, más justa. En todos los casos, nunca es un detalle anodino.


En conclusión


En un recorrido de movilidad, expatriación o vida multicultural, la lengua ocupa un lugar esencial. Cuando se atraviesa un periodo de fragilidad, ansiedad, soledad o cuestionamiento, poder consultar en una lengua afectivamente cercana puede transformar la manera en que se entra en el trabajo terapéutico.


Elegir la lengua de la terapia no es solamente elegir una lengua que se comprende. Es también elegir aquella en la que uno puede reencontrarse mejor.


Ofrezco consultas en francés, polaco e inglés, principalmente en modalidad online, con el fin de permitir un acompañamiento ajustado a su lengua y a su recorrido.

 
 
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